Uno de mis placeres ahora mismo es ver cómo se pegan los políticos de los mismos partidos por mantenerse en sus cargos. Todos aquellos y aquellas, como les gusta decir a esos mismos políticos, que toda su vida la han dedicado al partido, a tratar de ocupar cargos públicos de lo que sea (da igual que sepan o no de la materia, lo importante es estar), y que ahora ven que les pueden quitar la corona. Ahora ven que no saben qué hacer con sus vidas. Que profesionalmente son nulos/as en el mercado. Que sólo saben vivir de lo público, donde la ineficiencia se enmascara con el poder. Cuando ven su puesto peligrar se les cae la careta, se ponen nerviosos, porque no valen más que la confianza y lealtad a un superior que les ha colocado de forma digital (a dedo decía mu abuelo).
Creo que tenemos el error de pensar que para político vale cualquiera, aunque no tenga experiencia en la gestión pública, aunque no tenga un gran dominio de las materias en las que va a gestionar, aunque no sepa hablar ni una palabra de inglés, aunque no tenga capacidad de liderar equipos para trazar los cambios que se necesitan. En España tenemos la mala costumbre de aceptar pulpo a la ineficiencia política. Por eso, y por muchas cosas más, a la sociedad civil no nos queda más que lo que nos merecemos, aguantar el chaparrón de la crisis estructural en la que estamos. Una crisis que es de valores y de descuidar todo lo que tiene que ver con lo público y la política. Opto por recurar la fuerza de la sociedad civil!






