Garicano y compañía en El País, impecable:
El diagnóstico de la crisis desde los medios oficiales partía de que ésta era un problema importado: España tenía una economía sólida, con bancos saneados y aseadas finanzas públicas. La solución propuesta eran políticas de demanda transitorias para “capear el temporal.” Tanto el diagnóstico como la solución son erróneos. Es cierto que la crisis es global pero la gravedad de la misma depende de la situación de cada país y España sufre problemas propios que la crisis financiera mundial no ha hecho sino revelar y agudizar.
Nuestro crecimiento durante los últimos años tiene como origen el incremento de la población activa como porcentaje de la población total. Este modelo de crecimiento, siempre limitado por definición, ha tocado techo con la ruptura de la burbuja inmobiliaria. La burbuja inmobiliaria enmascaró durante mucho tiempo las deficiencias estructurales de nuestra economía; su ruptura ha destruido un porcentaje insólito de la riqueza de las familias, fuertemente apalancadas, y esta destrucción de riqueza va a continuar: hay 1,5 millones de casas sin vender y su valor debe caer aún mucho y con ello el de las garantías de los préstamos bancarios. Y lo que parecían unas finanzas públicas sólidas no eran sino el espejismo de unas recaudaciones insostenibles causadas por el boom inmobiliario.





